El viento como mejor conductor, que entre las hojas de los árboles provoca los sonidos del pasado, me trae inevitablemente al presente e inexorablemente al futuro.
El pasado ¡no hay quien lo cambie! De eso
estoy segura, pero el sabor en el fondo del paladar aún lo percibo con mayor
intensidad. El olor del campo seco después de una tormenta de verano. Las
torcaces arrullándose al ocaso, los ecos de las voces queridas, la ingenuidad
perdida, la compañía y la soledad.
Este pasado positivo que como ser humano alzo
y elevo a lo mas querido…y si no podemos cambiar el pasado ¿por qué avistamos
el futuro añorando vestirnos de época moderna? ¿ es quizás cierto que el
presente es el nexo de unión entre pasado y futuro?
¿ es quizás cierto que el futuro se tiñe de
añoranzas del pasado aspirando si cabe a mejorarlo?
Soy un coach que se está mirando
así mismo. Con mirada puesta al pasado, al presente y al futuro. Mirando desde
la distancia y desde la cercanía del que casi toca, del que casi araña el alma.
El despegarse de mi misma al principio asusta. No reconozco mi
rostro, mis palabras, mi mirada….me descubro entonces como una auténtica
desconocida. En los primeros momentos el miedo consciente cubre con manto
espeso..arropa por momentos y en otros sacude.
Desde ahí arriba las cosas son muy distintas,
existe la posibilidad de construir de nuevo sin olvidar el pasado, para mejorar
el futuro.
Cuando acaricio la posibilidad de realizar
este sueño me evoca el llanto y la necesidad de compartir esta experiencia.
Conocerme como un nuevo observador…darle la mano a mis fantasmas y
desvanecerlos.
Es magia, magia buena, magia, blanca, magia
pura que me lleva de nuevo al camino de la vida.